24.9.10

Era uma vez…


«Como casi nunca tenía nada que hacer en su puesto de electricista de mantenimiento, Cuco era el que se ocupaba de actualizar diariamente el mural del sindicato; llevaba además, con esmerado rigor, la libreta donde se anotaba el cumplimiento de la Guaria Obrera y era el encargado de darle la bienvenida a los nuevos trabajadores. (...)

Por todo eso y porque en realidad nunca tenía nada que hacer, nadie le quiso poner a mano el periódico Granma del pasado lunes 13 de septiembre donde la última página estaba dedicada totalmente a publicar el pronunciamiento de la Central de Trabajadores de Cuba en el que se anunciaba que, como parte del proceso de perfeccionamiento del modelo económico cubano, medio millón de trabajadores vinculados a diferentes sectores estatales quedarían disponibles, o sea, serían despedidos. (…)

Cuando terminó de leer el texto tuvo la extraña sensación de que se había saltado una línea muy importante. No era posible que sus máximos dirigentes sindicales hubieran olvidado que él no era solamente el asalariado de una empresa del Estado, sino además el fiel afiliado, que durante su impecable trayectoria laboral había cotizado puntualmente. (…)

Como electricista podría ganarse la vida en su futuro nuevo papel de cuentapropista, pero no sabía a qué Círculo Social llevar a su familia, ni con quién compartiría los matutinos. Estaba confundido. ¿Cómo aportaría su jornal de un día a las Milicias de Tropas Territoriales, a qué Brigada de Respuesta Rápida podría incorporarse, cómo quedaba el asunto de los méritos, con quién tendría que emular, quién le entregaría ahora algún diploma? ¿Será que nada de eso era importante?»

(Fonte)
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