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22.11.22

Pablo Milanés (1943-2022)

 


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20.7.21

Yoani Sánchez

 


Goste-se ou não de Yoani Sánchez, vale a pena ler este artigo publicado ontem no NYT.

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18.7.21

Cuba - Un alarido

 


«Parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un número mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el país y provocar una situación de caos e inseguridad. También es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un ápice de razón al alarido que hemos escuchado. Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

A ese reclamo desesperado, las autoridades cubanas no deberían responder con las habituales consignas, repetidas durante años, y con las respuestas que esas autoridades quieren escuchar. Ni siquiera con explicaciones, por convincentes y necesarias que sean. Lo que se impone son las soluciones que muchos ciudadanos esperan o reclaman, unos manifestándose en la calle, otros opinando en las redes sociales y expresando su desencanto o inconformidad, muchos contando los pocos y devaluados pesos que tienen en sus empobrecidos bolsillos y muchos, muchos más, haciendo en resignado silencio colas de varias horas bajo el sol o la lluvia, con pandemia incluida, colas en los mercados para comprar alimentos, colas en las farmacias para comprar medicinas, colas para alcanzar el pan nuestro de cada día y para todo lo imaginable y necesario.

Creo que nadie con un mínimo de sentimiento de pertenencia, con un sentido de la soberanía, con una responsabilidad cívica puede querer (ni siquiera creer) que la solución de esos problemas venga de cualquier tipo de intervención extranjera, mucho menos de carácter militar, como han llegado a pedir algunos, y que, también es cierto, representa una amenaza que no deja de ser un escenario posible.

Creo además que cualquier cubano dentro o fuera de la isla sabe que el bloqueo o embargo comercial y financiero estadounidense, como quieran llamarlo, es real y se ha internacionalizado y recrudecido en los últimos años y que es un fardo demasiado pesado para la economía cubana (como lo sería para cualquier otra economía). Los que viven fuera de la isla y hoy mismo quieren ayudar a sus familiares en medio de una situación crítica, han podido comprobar que existe y cuánto existe al verse prácticamente imposibilitados de enviar una remesa a sus allegados, por solo citar una situación que afecta a muchos. Se trata de una vieja política que, por cierto (a veces algunos lo olvidan) prácticamente todo el mundo ha condenado por muchos años en sucesivas asambleas de Naciones Unidas.

Y creo que tampoco nadie puede negar que también se ha desatado una campaña mediática en la que, hasta de las formas más burdas, se han lanzado informaciones falsas que al principio y al final solo sirven para restar credibilidad a sus gestores.

Pero creo, junto con todo lo anterior, que los cubanos necesitan recuperar la esperanza y tener una imagen posible de su futuro. Si se pierde la esperanza se pierde el sentido de cualquier proyecto social humanista. Y la esperanza no se recupera con la fuerza. Se le rescata y alimenta con esas soluciones y los cambios y los diálogos sociales, que, por no llegar, han causado, entre otros muchos efectos devastadores, las ansias migratorias de tantos cubanos y ahora provocaron el grito de desesperación de gentes entre las que seguramente hubo personas pagadas y delincuentes oportunistas, aunque me niego a creer que en mi país, a estas alturas, pueda haber tanta gente, tantas personas nacidas y educadas entre nosotros que se vendan o delincan. Porque si así fuera, sería el resultado de la sociedad que los ha fomentado.

La manera espontánea, sin la atadura a ningún liderazgo, sin recibir nada a cambio ni robar nada en el camino, con que también una cantidad notable de personas se ha manifestado en las calles y en las redes, debe ser una advertencia y pienso que es una muestra alarmante de las distancias que se han abierto entre las esferas políticas dirigentes y la calle (y así lo han reconocido incluso dirigentes cubanos). Y es que solo así se explica que haya ocurrido lo que ha ocurrido, más en un país donde casi todo se sabe cuando quiere saberse, como todos también sabemos.

Para convencer y calmar a esos desesperados el método no puede ser las soluciones de fuerza y oscuridad, como imponer el apagón digital que ha cortado por días las comunicaciones de muchos, pero que sin embargo no ha impedido las conexiones de los que quieren decir algo, a favor o en contra. Mucho menos puede emplearse como argumento de convencimiento la respuesta violenta, en especial contra los no violentos. Y ya se sabe que la violencia puede ser no solo física.

Muchas cosas parecen estar hoy en juego. Quizás incluso si tras la tempestad regresa la calma. Tal vez los extremistas y fundamentalistas no logren imponer sus soluciones extremistas y fundamentalistas, y no se enraíce un peligroso estado de odio que ha ido creciendo en los últimos años.

Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deberían ser de índole material sino también de carácter político, y así una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperación y extravío de las esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, venían dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron oídos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos.

Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el país en que vivo, trabajo y donde creo. Ya sé que en tiempos como este y por intentar decir una opinión, suele suceder que «Siempre se es reaccionario para alguien y rojo para alguien», como alguna vez dijera Claudio Sánchez Albornoz. También asumo ese riesgo, como hombre que pretende ser libre, que espera ser cada vez más libre.»

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17.7.21

Cuba: não se recupera a esperança pela força

 

Subscrevo o que Jorge Costa, deputado e dirigente do Bloco de Esquerda escreve neste texto, cuja leitura aconselho na íntegra. Ficam estes parágrafos:

«A longa crise económica, que chega à escassez alimentar, fruto direto do bloqueio económico que Trump agravou e que Biden quer manter, somada à pontual insuficiência do sistema de saúde sob a pressão avassaladora da pandemia, levou milhares de pessoas às ruas por toda a ilha.

A esquerda só pode condenar a repressão das manifestações populares, a que não escapam sequer setores marxistas críticos. Em Cuba, a esperança não se recuperará pela força.

Alimentadas por um “perigoso estado de ódio que foi crescendo nos últimos anos” (Padura), podemos assistir no futuro às desgraças de mais uma operação de “regime change” desenhada a norte. Para impedir tal cenário, Cuba precisará do Partido Comunista, certamente, mas não pode adiar de novo a abertura à liberdade política. Quase impossível? Talvez. Mas apoiar essa possibilidade é a única solidariedade verdadeira, contra o imperialismo e com o povo de Cuba.»
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14.7.21

Cuba dói-me

 



Cuba dói-me, dos pés à cabeça. Aquele povo magnífico tem de se safar e não se vislumbra como.
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23.11.18

O inverno de Bolsonaro



«Uns 1100 anos antes de Cristo, reza a lenda, a Odisseia, a Ilíada e a Eneida, os troianos perderam a guerra ao permitir que um presente grego, em forma de cavalo cheio de soldados inimigos, entrasse na sua fortaleza.

Em 1812, reza a história, Napoleão fracassou, menos pela força do exército rival e mais pelos rigores do inverno, na ambiciosa invasão à gelada Rússia.

O tempo o dirá, mas o Cavalo de Troia ou o General Inverno de Jair Bolsonaro pode chamar-se "médicos cubanos".

Na semana passada, Havana resolveu abandonar a versão brasileira do Mais Médicos, um programa iniciado em 2013 pela então presidente Dilma Rousseff para abastecer cidades necessitadas de profissionais de saúde, por discordar dos termos propostos pelo presidente recém-eleito para manter o acordo.

Desde que, em campanha, o então candidato Bolsonaro atacara o regime do país caribenho que o fim da participação cubana no programa já era dado como provável, mas foram as condições impostas já depois da eleição que precipitaram o fim da relação.

"Condicionámos a continuação do programa Mais Médicos à aplicação de teste de capacidade, salário integral aos profissionais cubanos, hoje a maior parte destinada à ditadura e à liberdade para trazerem as suas famílias, infelizmente, Cuba não aceitou", disse Bolsonaro, pelo Twitter, a sua forma de comunicação preferida, tal como do seu presidente preferido.

Ora, os perto de nove mil médicos cubanos prestavam serviços em cerca de 1600 municípios atendendo um total estimado pelos especialistas em 28 milhões de brasileiros.

O caso preocupa essas populações - cerca de três vezes Portugal - mas também os prefeitos das cidades e os governadores dos estados, muito deles falidos, agora com mais um problema sério para resolver porque os médicos locais não se mostram entusiasmados com a hipótese de irem para os rincões isolados no Brasil profundo.

Na imprensa, brotam entretanto relatos de clínicos cubanos exemplares, adorados pelas suas comunidades, e de doentes crónicos que, ao perderem o atendimento regular, correm agora risco de vida.

Como em intervenção na Câmara dos Deputados em 2013, logo após o início do programa, Bolsonaro o chamou de "Maus Médicos" e criticou a possibilidade de os profissionais trazerem as suas famílias para o Brasil "infestando o país de agentes cubanos perigosos para a democracia", tomemos como falsos aqueles pretextos no tweet presidencial para provocar o cancelamento do acordo.

Nesse caso, o presidente eleito preferiu prejudicar 1600 municípios e 28 milhões de compatriotas em nome da sua aversão ao (indefensável) regime cubano. Depois de anos a criticar a política externa brasileira do PT, baseada, segundo o próprio, "em critérios ideológicos", Bolsonaro usa um critério ideológico para provocar o encerramento de um programa útil ao país.

Tomemos agora o tweet presidencial como verdadeiro, ou seja, assumamos que a sua preocupação com o salário e as famílias dos médicos cubanos é genuína. Nesse caso, em nome do bem-estar de nove mil cidadãos estrangeiros, Bolsonaro não se importa de pôr em risco a saúde de 28 milhões de compatriotas?

Ninguém está livre de cometer erros. Os troianos foram ingénuos, Napoleão temerário. Sucede que, segundo Homero e Virgílio, os primeiros governaram a Anatólia por séculos e só perderam a guerra com os gregos depois de dez anos de árduas batalhas. E o segundo, antes do desaire russo, conquistara meia Europa e colocara o seu nome na história universal.

O drama de Bolsonaro é que o seu inverno pode ter começado um mês e meio antes de tomar posse.»

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26.11.16

A pérola jornalística do dia



Não é montagem: telejornal das 13h, hoje na TVI.
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Música para este dia



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Fidel Castro



O Facebook tem um sem número de posts em que é afirmado que a morte de Fidel marca o fim do século que passou. Não é mais do que uma maneira politicamente correcta de não tomar posição sobre o seu desaparecimento. Faço o mesmo, mas recordando que o século XX já acabou há 10 meses e 25 dias.

E o melhor comentário que li até agora foi este: «Há abaixo-assinados a correr na Coreia do Norte e na Guiné-Equatorial, solicitando a visita de Marcelo Rebelo de Sousa». E a rainha de Inglaterra que se cuide.
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9.11.16

Eleições EUA: receios colaterais



Receios em Cuba por causa da eleição de Trump, pelo que leio. E como sou má, interrogo-me: será que Marcelo ainda pediria uma visita privada a Fidel se fosse a Havana amanhã? 
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14.8.16

Fidel Castro tristemente imutável



São no mínimo lamentáveis os termos em que Fidel Castro se referiu à Rússia e à China (e só a estes países), com o pretexto de criticar o discurso que Obama fez recentemente no Japão.


Rússia e China (ainda) faróis do mundo? Não havia necessidade… 
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20.4.16

Há 55 anos, a Invasão da Baía dos Porcos



A Invasão da Baía dos Porcos foi uma tentativa frustrada de invadir o sul de Cuba empreendida em Abril de 1961 por um grupo paramilitar de exilados cubanos anticastristas e dirigido pela CIA, com apoio das forças armadas americanas. O objetivo da operação era derrubar o governo de Fidel Castro.

O plano foi lançado em Abril de 1961, menos de três meses depois de John F. Kennedy ter assumido a Presidência dos Estados Unidos. A acção terminou em fracasso. As forças armadas cubanas, treinadas e equipadas pelas nações do Bloco do Leste, derrotaram os combatentes do exílio em três dias e a maior parte dos agressores rendeu-se.
(Daqui)

...Eduardo Galeano, Los hijos de los días.
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28.3.16

El hermano Obama



Texto de Fidel Castro, hoje publicado, a propósito da visita de Obama a Cuba.

«Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.

Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?»

Aqui, (má) tradução para português. 
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4.11.12

«Cuba en el corazón» (Manuel António Pina)



Em busca de um outro texto, tropecei numa crónica de MAP, publicada  em 2/1/2009, e   que   já não encontro online no JN. Assino-a por baixo, da primeira à última linha, e estou certa de que o mesmo acontece com muitos outros que a leiam.

«Não sei se acontece o mesmo com toda a gente: o meu coração vai sempre uns metros à frente da minha razão; quando a razão chega, já o coração – ou lá o que é – partiu de novo.

Daí que tenha às vezes a impressão de que a minha razão (e no entanto sou, até em excesso, comummente racional) preside a uma ausência.

Na vida, só em raros momentos felizes razão e coração batem unanimemente, sem ressentimentos, pois se a razão é complacente, poucas vezes o coração se submete às considerações da razão.

A Revolução Cubana, que faz 50 anos, é um difícil conflito que tenho comigo mesmo. Ao longo dos anos, o meu coração, transbordante de jovens rebeldes descendo da Sierra Maestra de rifles na mão e corações limpos, sangrou com Padilla preso e humilhado (“Diz a verdade,/ diz, ao menos, a tua verdade./ Depois, deixa que qualquer coisa aconteça”), com Arrufat, Reynaldo Arenas, Raul Rivero… “La sangre, no quería verla”, e fechava os olhos.

Mas se o coração explica tudo, mesmo o inexplicável, a razão não. Cuba é hoje a recordação de algo íntegro e novo que, se calhar, nunca aconteceu senão dentro do meu coração.»

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