«Quando Nelson Mandela ganhou as eleições na África do Sul, o arcebispo Desmond Tutu (que tinha com ele uma proximidade de amigo íntimo) achou por bem dizer-lhe que as camisas de padrões étnicos que ele usava eram demasiado folclóricas e de um gosto horrível. Achava que ele devia vestir-se de uma forma mais discreta, mais formal, para ser levado mais a sério. Mandela ouviu-o com toda a atenção, depois riu-se com gosto e respondeu-lhe: "Engraçado... e quem me diz isso é um homem que usa vestidinhos cor-de-rosa em público!"
Por que republico esta história, que já aqui contei antes? É simples: porque tanto serve para questões de gosto como para questões de intolerância. Não deixa de ser muitíssimo curioso que a ala mais conservadora da Igreja Católica manifeste gostar tanto das coisas definidas sem equívocos e esteja tão preocupada com os perigos da descaractarização de géneros por via da vestimenta, logo ela que desde sempre veste os seus homens com "vestidinhos cor-de-rosa" e os enfeita de rendinhas e bordados. Et pour cause...
(Nota: É bom constatar que o sentido de humor é frequentemente um denominador comum às grandes personalidades. Sem o humor, o mundo seria um lugar ainda mais tenebroso do que as camisas de Madiba.)»
Passaram cinco anos e vão rareando as referências a uns dos grandes, a um dos enormes seres humanos do nosso tempo. Nada melhor para honrar a sua memória do que recordar as suas palavras e alguns tributos, sobretudo musicais, que lhe foram prestados.
Em 20 de Abril de 1964, no Tribunal Supremo de Pretória que viria a condená-lo a prisão perpétua. Mandela explica, entre muitas outras coisas, por que motivo recorreu à violência para combater o racismo:
«Llegué a la conclusión de que, puesto que la violencia en este país era inevitable, sería poco realista seguir predicando la paz y la no violencia. No me fue fácil llegar a esta conclusión. Solo cuando todo lo demás había fracasado, cuando todas las vías de protesta pacífica se nos habían cerrado, tomamos la decisión de recurrir a formas violentas de lucha política. Lo único que puedo decir es que me sentía moralmente obligado a hacer lo que hice.
Eran posibles cuatro formas de violencia. Está el sabotaje, está la guerra de guerrillas, está el terrorismo y está la revolución abierta. Optamos por adoptar la primera. El sabotaje no conllevaba la pérdida de vidas y era lo que ofrecía más esperanzas para las relaciones interraciales en el futuro. El resentimiento sería el mínimo posible y, si la estrategia daba sus frutos, el Gobierno democrático podría llegar a ser una realidad. (...)
Los blancos no fueron capaces de responder proponiendo cambios; respondieron a nuestro llamamiento proponiendo los laager, una especie de fortines improvisados. Por el contrario, la respuesta de los africanos fue de ánimo. De repente, volvía a haber esperanza. La gente empezaba a hacer conjeturas sobre cuándo llegaría la libertad. (...)
Esto, por tanto, es contra lo que lucha el ANC. Su lucha es una auténtica lucha nacional. Es una lucha de los africanos, movidos por su propio sufrimiento y su propia experiencia. Es una lucha por el derecho a vivir. Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha de los africanos. He luchado contra la dominación de los blancos, y he luchado contra la dominación de los negros. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.»
Dois dias depois da morte de Nelson Mandela, num supermercado de Pretória, os clientes foram surpreendidos pelo Soweto Gospel Choir, com os cantores disfarçados de empregados. Cantaram Asimbonanga de Johnny Clegg.
No Sábado, 7 de Dezembro de 2013, dois dias depois da morte de Nelson Mandela, num supermercado de Pretória, os clientes foram surpreendidos pelo Soweto Gospel Choir, com os cantores disfarçados de empregados. Cantaram Asimbonanga de Johnny Clegg.Vale a pena ouvir.
... recordem-se as suas palavras em 20 de Abril de 1964, no Tribunal Supremo de Pretória que viria a condená-lo a prisão perpétua. Mandela explica, entre muitas outras coisas, por que motivo recorreu à violência para combater o racismo.
«Llegué a la conclusión de que, puesto que la violencia en este país era inevitable, sería poco realista seguir predicando la paz y la no violencia. No me fue fácil llegar a esta conclusión. Solo cuando todo lo demás había fracasado, cuando todas las vías de protesta pacífica se nos habían cerrado, tomamos la decisión de recurrir a formas violentas de lucha política. Lo único que puedo decir es que me sentía moralmente obligado a hacer lo que hice.
Eran posibles cuatro formas de violencia. Está el sabotaje, está la guerra de guerrillas, está el terrorismo y está la revolución abierta. Optamos por adoptar la primera. El sabotaje no conllevaba la pérdida de vidas y era lo que ofrecía más esperanzas para las relaciones interraciales en el futuro. El resentimiento sería el mínimo posible y, si la estrategia daba sus frutos, el Gobierno democrático podría llegar a ser una realidad. (...)
Los blancos no fueron capaces de responder proponiendo cambios; respondieron a nuestro llamamiento proponiendo los laager, una especie de fortines improvisados. Por el contrario, la respuesta de los africanos fue de ánimo. De repente, volvía a haber esperanza. La gente empezaba a hacer conjeturas sobre cuándo llegaría la libertad. (...)
Esto, por tanto, es contra lo que lucha el ANC. Su lucha es una auténtica lucha nacional. Es una lucha de los africanos, movidos por su propio sufrimiento y su propia experiencia. Es una lucha por el derecho a vivir. Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha de los africanos. He luchado contra la dominación de los blancos, y he luchado contra la dominación de los negros. He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.»
Mais ou menos a propósito deste post, registe-se que nenhum europeu foi orador na cerimónia que teve lugar na África do Sul depois da morte de Mandela, como Teresa de Sousa sublinhou no Público de ontem:
«Talvez também porque a Europa ainda arrasta consigo “o fardo do homem branco”, nenhum líder europeu teve direito a discursar. Hoje a Europa, com todo o seu poder económico, vê a sua influência posta em causa pela China e pelo Brasil. Virada para dentro, vergada por uma crise que ninguém, fora das suas fronteiras, consegue compreender, não consegue ver a oportunidade de comprometer-se com esse mundo novo que encontrou o seu herói num homem que nasceu em África e que aprendeu o valor da dignidade, da liberdade e da democracia numa cela onde passou 27 anos.»