Em
El País de ontem, um longo e detalhado artigo sobre a «Vaticália» (Vaticano + Itália) - um complicado imbróglio de influências e acusações de corrupção, pela conjugação de acções com muitos protagonistas e uma intrincada rede de interesses laicos e religiosos.
Nem tento resumir o texto, mas tudo parece girar em torno de um grupo de 147 poderosos notáveis – os «Gentil-homens de Sua Santidade» – que, «com competência e autoridade», «ajudam a engordar as arcas do estado pontifício, o paraíso fiscal mais rico, melhor decorado e mais visitado do mundo». Dos 147, 114 são italianos, sete americanos, cinco espanhóis e cinco austríacos.
Vieram agora para a boca de cena por causa de um deles, Angelo Balducci, (que, entretanto já fora demitido por Bento XVI por envolvimento em escândalos sexuais com seminaristas e com «sem papeis»). A história é longa mas transcrevo três elucidativos parágrafos:
«Balducci es un ingeniero que durante 25 años se encargó de ejecutar las obras públicas en la región del Lazio, donde se hallan Roma y el Vaticano. De ahí pasó al Gobierno central como responsable del Consejo Superior de Obras Públicas. Tras una vida dedicada a mejorar las infraestructuras italianas y vaticanas, Balducci, de 62 años, vive ahora en la cárcel romana de Regina Coeli.
Desde febrero, Balducci es el principal imputado en el escándalo de corrupción de la todopoderosa Protección Civil italiana, que de momento tiene a más de 50 personas imputadas o bajo investigación. Desde 2001 hasta ahora, el superministerio que depende de la Presidencia del Gobierno ha gastado fondos públicos por valor de 13.000 millones de euros, según el último informe de la Autoridad para la Vigilancia de los Contratos Públicos.
El dinero era gestionado por el jefe de la Protección Civil, el secretario de Estado Guido Bertolaso, también acusado de corrupción, y por el ejecutor de las obras, Balducci, gracias a una argucia autorizada por el primer ministro, Silvio Berlusconi, para superar la maldita burocracia y afrontar las emergencias con más rapidez: la licitación de contratas públicas se hacía sin concurso, a dedo, derogando los procedimientos ordinarios.»